Persuasión

Autor: Jane Austen
La historia comienza con Anne Elliot, la hija mediana de Sir Walter Elliot (si no me equivoco), que empieza a salir con un, por aquel entonces jovencito, Frederick Wentworth (que luego, años más tarde, lo hacen capitán capitán, de un barco inglés, de un barco inglés y en cada puerto, tengo una mujer… puñetera canción, que me desvía del tema). Están muy enamorados, los pajaritos cantan, todo es de color de rosa y maravilloso… Hasta que su amiga, Lady Russell Crowe, quien la persuade de que son demasiado jovenzuelos y la convence de que ese amor va a acabar mal y que lo mejor es que se olvide. Y ésta, que pa mí fue toonnnta, pero tooonnta, pues va y le hace caso, dejando al pobre Frederick triste un compungido.

 

Los años pasan (pero que mucho, ¿eh?) y Anne Elliot, tras siete años en el Tibet y pico sin churri (cosa que no sé cómo aguantó tanto, sobre todo en esa época que te tachaban de solterona como tuvieras ya cierta edad y no encontraras pariente pa casarse) y se entera por la hermana mayor (creo) de que la familia de su ex novio (qué casualidad, oye) serán los nuevos huéspedes de su antiguo hogar. Y, cómo no, Anne está invitada a pasar unos días allí. Y, como era de esperar, hace lo imposible por no encontrárselo, vamos. “¡Uy, que me duele la cabeza!”me duele el pie, me duele la tibia y el peroné… Vamos, que cualquier excusa era suficiente para no topárselo cara a cara. Pero ese día llega y, como era de esperar, no se puede esconder por ninguna parte y mira que le grité que lo hiciera entre los setos, pero ni puñetero caso, oye. Y ella lo ve y se hace un poco la remolona, haciendo como que no lo ha visto para ver qué dice o hace. Él la ve y muestra (aparentemente) indiferencia y poco interés en ella.

Pero claro, le sale al Capitán una pretendienta, que hace que Anne se muera de celos (sé que me vais a decir que no, pero algo celosona sí que se puso, creedme xD) y va en plan lagarta a por el Capitán Wentworth porque está buenorro puede ser un buen partido para ella. Y ella, como es así de… pava “lista”, pues juega a “vamos a saltar los escalones de golpe” y se hostia viva contra el suelo (¿Soy la única a la que se descojonó entera con esa parte? Luego me sentí mal por si la hubiese espicha’o -cosa que hubiese sido algo patética su muerte, pero bueno-, pero es verdad, no pude quitarme durante un rato la imagen del hostión que se pega ella sola). Por suerte, no la endiña. Pero claro, deja a todo el mundo preocupa’o y le corta el rollo a más de uno. Le dicen a Anne que se quede con ellos pero la envidiosa de la hermana (Dios, en serio, no la soportaba. En más de una ocasión me han dado ganas de meterle un zapato en la boca para que se callara, macho -.-) hace que se quede ella(Mary) y no Anne.

Y por ahí en medio aparece un hombre misterioso en carruaje, que se fija en Anne, ella se fija en él, él se va… Luego se enteran de que es un tal Señor Elliot, lo que sospechan de que probablemente sea un primo perdío de Graná que ni tiene primo ni tiene ná por ahí. Que esa es otra, aquí todos parecen como los gitanos, todos son familia. Que si primos, que si hermanos,que si cuñados, que si el hijo de la vecina, pero que luego resulta ser primo también.. Y, cómo no, se había enamorao de nuestra protagonista, la cual estaba cortejando celosamente. Y por ahí por medio, aparece el Capitán de un barco inglésWentworth que los ve y se le salta el corazón por la boca, vaya. Y claro, Anne piensa, “este está persiguiéndome, está aquí por mí”. Y se hace ilusiones.

Al día siguiente, cuando va a visitar a una vieja amiga, la señora Smith, ésta piensa que el primo se le ha declarado y que van a casarse, porque, aquí viene lo mejor, se lo había dicho la vieja’l visillo enfermera de la mujer de no sé quién, que no sabía mantener la boca cerrada y vamos, que lo sabia todo el pueblo. Imaginaos la cara de la señora Smith cuando Anne le dice que no, que ni le interesa y que le piensa rechazar si le propone algo, y aquí es cuando la amiga del alma le suelta todo lo que en verdad es el señor Elliot: frío, calculador, sin corazón, ni sentimientos… en definitiva, una joyica de hombre, vamos, pa que me entendáis. Y Anne, pues flipándolo en pepinillos (yo también lo he hecho, no me lo esperaba en absoluto).

Y con esto pues nos quitamos al primo, nos quitamos antes también al capitán Benwick (que me caía la mar de bien, oye, yo que los shippeaba ya… ¡Mecachis!) que al final acaba con Louisa Musgrove (la que vive a tope saltando escaleras de golpe). Así que, nuestro queridísimo capitán Pescanova Wentworth no le queda otra que decirle a Anne lo que siente, mediante una nota. En parte me ha hecho mucha gracia, porque me ha recordado bastante a la que le dio Darcy a Elizabeth (claro que no tan larga). Y ya bueno, al final acaban hablándolo, que todo aquello les había hecho remover sentimientos que creían olvidados y eso, que se reconcilian. Y ya pues eso, fueron felices y comieron… arroz con bacalao.
Artículo escrito por Noemí Lefroy para nuestro Blog. 
Si queréis leer este libro podéis conseguirlo aquí.

2 comments on “Persuasión

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *