Leyenda del César Visionario

Editorial: El Mundo

Aprovechamos esta nueva reseña para comunicar a nuestros clientes que a partir de hoy, 7 de abril, comenzamos a usar el horario de verano y nuestra tienda comenzara a abrirse de 17:30 a 21:00 para todos los que quieran disfrutar de una buena lectura.

Lo Primero que se impone en el texto es, desde luego, su cadencia verbal: para ser leído como salmodiando,  para ser dicho al modo de un poema, sin abdicar de su esencialísima condición de relato, antes bien sustentándola en la dicción, en la que se ahorma la perspectiva moral del autor. Varias, aunque confluyentes, estrategias estilísticas configuran la inconfundible autoridad de la escritura. […] La eficacia del estilo depende también del uso del paralelismo sintáctico e incluso de la paranomasia, según se advierte en el ya hoy justamente célebre párrafo inicial: “En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte”. 

Pere Gimferrer


Francisco Umbral (Madrid, 1935) es uno de los mejores columnistas de la prensa española y también un notable novelista y un autor de una extensa obra memorialística, que abarca la guerra civil española, la posguerra y el franquismo, la Transición y el pasado inmediato. Ha sido distinguido con numerosos premios literarios, entre ellos el Nadal, el de la Crítica, el Príncipe de Asturias y el Cervantes. El conjunto de sus libros forma una completa crónica de la vida española de buena parte del siglo XX, en su vertiente política, social y literaria.

Leyenda del César Visionario, una de las novelas más conocidas de Francisco Umbral, obtuvo en 1992 el Premio de la Crítica. Encuadrada en la zona nacional durante la guerra civil española, enfoca la personalidad de Franco —exaltado por el poeta hasta las alturas del César— en una dimensión más modesta: quien fue representado con la armadura del Cid Campeador no pasa de ser, para el narrador, un personaje “militarista, vagamente borbónico y un poco cursi”. Junto al enigmático y lacónico líder de los sublevados se mueve el grupo de intelectuales adicto al bando franquista que intenta dotar al Movimiento de una filosofia que le libre de su fama analfabeta. El grupo de los Laín, Ridruejo, Foxá, Serrano Suñer, Trovar intentará salvar del ajusticiamiento al anarquista Dalmau: su pulso con el Caudillo, que tiene “pocos días intelectuales”, dará la verdadera medida de su influencia. El falangismo se muere y llega la “triste primavera de los segundones”.

Al fondo de esta crónica se mueve Francesillo, un joven tipógrafo que trabaja a las órdenes del imprevisible Giménez Caballero. Republicano en la sombra, luchará por sobrevivir a los espantos que  se le imponen para probar su fidelidad. Sus menudas peripecias servirán para completar el cuadro de esa media España en guerra, que posee extrañas fijaciones: la persecución de la masonería, la quema de libros, el alargamiento del final de la contienda para poder limpiar a fondo el suelo patrio.

La afilada pluma de Umbral, inmisedicorde con el César Visionario, muestra también su mordacidad al juzgar a la flor y nata de la intelectualidad de la época, con sus sueños épicos y totalmente inofensivos.

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