La Torre Herida por el Rayo

Editorial: El Mundo

Fernando Arrabal es un narrador sólido en la historia de la novela española más reciente. Junto con el teatro, el autor investiga el lenguaje de la narración desde los años cincuenta, pero no cede nunca a las modas que se convierten en pasaportes para los manuales de literatura. Seguro y obstinado dedica sus novelas a indagar la historia (nada heroica y, por ello, cercana a las fuertes más humildes de la cotidianidad que le asfixia) del espacio y el tiempo que le ha tocado vivir.

Ángel Berenguer

Fernando Arrabal nació en Melilla en 1932 pero a los cinco años se instaló con su familia en Madrid. La afición por la escena ya comenzó a cultivarla desde su juventud, cuando empezó a relacionarse con los grupos teatrales del SEU. En 1953 presentó su opera prima, Los chicos del triciclo, galardonada con el premio Ciudad de Barcelona. Dos años después, recibió una beca y se trasladó a la capital francesa, donde su genio creador fue más fructífero. Tras contactar con los ambientes universitarios de la época, conoció a figuras de la talla de André Breton, quien le acercó al surrealismo. Sin embargo, nunca se ligó a esta corriente y prefirió crear, junto con Topor y Jodorowski, el “MovimientoPánico”. Por aquellos años estrenó en París —donde recibió el Gran Premio de Teatro en 1967— algunas de sus obras como Cementerio de automóviles o El Jardín de las Delicias, entre otras.

Al regresar a España, sembró la polémica con textos ensayístico como Carta al general Franco. E la  década de los noventa siguió con la línea de ensayos políticos en Carta al Rey de España y Carta a José María Aznar. Arrabal, cuyas obras se han representado en las principales ciudades del mundo, ha sido galardonado con el Premio Oby de Nueva York y el Premio de Teatro de la Academia Francesa. Además de prestigioso dramaturgo, este hombre polifacético ha escrito varias novelas —La torre herida por el rayo o El sueño de los insectos— y libro de poesía —Mis humildes paraísos—, ha dirigido dos óperas y ha llegado a exponer sus propios cuadrados.

La torre herida por el rayo es una novela compleja, tanto como lo es el ajedrez, la pasión de Arrabal que en estas páginas se convierte en materia literaria. A los personajes no les sirven de nada sus geniales estrategias cuando se enfrentan de cara al juego de la vida. El autor coloca las piezas sobre el tablero —política, religión, sexo, misticismo— e imagina una partida en la que los jugadores sueñan venganzas, inventan fobias… Esta obra recibió el Premio Nadal en 1982.

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