Descubriendo a Javier Tomeo

Queridos lectores:

Hoy, se celebra el 3 aniversario del fallecimiento de uno de los escritores más peculiares  javier tomeode España.

Se trata, sin duda, de Javier Tomeo.

Para que conozcáis un poco más a este escritor, hemos encontrado un entrevista que le hicieron en el periódico La Vanguardia, unos meses antes de su fallecimiento.

” Una recopilación siempre suena a homenaje póstumo. 
Algo de eso hay. En Zaragoza ya tengo una calle dedicada a mí mismo que no voy nunca a visitar porque parece que vayas al cementerio a ver dónde estás.

¿No está harto de que le digan que es un escritor raro? 
Bueno, sí. Soy raro en el sentido de que no abundo. La verdad es que no me parezco a nadie. No hay patatas azules.

¿Soñó alguna vez con sus monstruos? 
No. Todos ellos son criaturas puramente imaginativas pero no han pasado por el subconsciente, todavía…

Un día usted se inventó un mundo. ¿No le gustaba el que había? 
Este mundo nuestro no puede satisfacer a nadie. De él me gustan muy pocas cosas, ya: los amaneceres, por ejemplo.

¿La misión del escritor es dar soluciones? 
Nooo… Eso que lo hagan el político, el economista o el teólogo. El escritor sólo debe señalar dónde nos aprieta el zapato.

¿Su golpe de suerte fue que un día llevaran sus obras a los teatros de París? 
Cambió el signo de mi vida y entendí que es más fácil ver que leer. Ver una novela mía adaptada al teatro por un prestigioso director francés e interpretada por los actores de élite de Francia me convirtió en conocido.

¿Kafka estaba en usted antes de leerlo? 
¡Por supuesto! Coincidimos a través de Freud. Me reconozco en él porque Kafka escribe lo que a mí me gustaría escribir.

¿Y Goya pinta lo que a usted le gustaría pintar? 
Claro, sólo que yo no paso de dibujar caricaturas, ese es el verdadero “pensamiento ilustrado”. Herralde dijo una vez que mi literatura significaba una inesperada colisión entre Kafka y Buñuel, ya ve qué cosas…

¿Diurno o nocturno? 
Yo trabajo por la mañana, cuando el soporte biológico del escritor mejor funciona. Al lado de una ventana que da a un patio interior que se llena de luz y por el que oigo cantar a las vecinas, a los pájaros, incluso al perro. Porque por la mañana todo es posible. Es cuando encuentras la clave de todos los problemas técnicos que de noche te han parecido insolubles.

¿La noche no es más creativa? 
Produce una fatiga de materiales, como los aviones que vuelan demasiado.

¿Qué se aprende con la edad? 
¿Qué se olvida?    
Olvidas y con ello te vuelves más generoso, más comprensivo, más tolerante. El mundo es más relativo, más elástico.

Usted, que se considera un “aragonés de la diáspora”, ¿imagina una Catalunya independiente? 
El pueblo catalán es pragmático y sensato, y hará lo que considere conveniente. Vamos a ver qué ocurre. Sí, de acuerdo, tiene derecho a elegir, pero no es un bloque monolítico como le convendría al señor Mas. De todos modos, fue sorprendente la manifestación del 11 de septiembre, nadie esperaba esa movilización espectacular.

Tremendos recortes en cultura. 
Duele mucho. Yo viví el franquismo más duro, mis padres no tenían muchas posibilidades económicas y, sin embargo, pude ir a la universidad, entonces casi un recinto reservado a hijos de familias adineradas.

¿Por qué se hizo criminólogo? 
Ya me había picado la bestia de la escritura y pensé que eso podría ayudarme a conocer mejor el comportamiento humano. Tuve profesores ilustres como el doctor Sarró en psiquiatría forense.

¿Le sirvió para aplicar a la literatura? 
Sí, lo incorporé y creo que me ayudó a entender los resortes más profundos de algunas conductas humanas. Mis personajes siempre dejan ver lo atávico, lo antisocial, lo que nos gustaría hacer y no hacemos… y de ahí les viene su monstruosidad.

¿De qué maestros aprendió? 
Pienso en dos que influyeron mucho en mi carrera. Primero Julio Manegat, que decía que él era de la “poesía secreta”, en contraste jocoso con la policía secreta. Él, una de las mejores personas que he conocido, responsable literario de El Noticiero Universal, fue el primer hombre importante que me dio la mano y creyó en mí.

¿Y el segundo? 
Juan Ramón Masoliver, que llegó a ser casi miembro de mi familia. Contaba su mujer que cuando se enfadaba amenazaba: “¡Que soy aragonéeees…!”. También me influyó mucho un amigo, que sería el primer marido de Ana María Matute.

Defienda el arte de escribir corto. 
Yo aplico un principio llamado economía del lenguaje: si puedo explicar una cosa en dos palabras, no utilizo cuatro. No abomino de ningún género literario, pero me gustan más los minirrelatos, sí. Todas mis obras son de media distancia porque no soy ni Tolstói ni Thomas Mann, claro.

Nunca ha escrito en clave realista. 
¡Y el filón no está agotado! Fíjese, ahora mismo estoy escribiendo una cosa de marcianos y vampiros. Me siento feliz aquí, en este cuartito, encerrado con ellos.

Se diría que le abduce la soledad. 
El silencio es lo más maravilloso que hay. Aunque cuando deseas que el teléfono suene y no suena, resulta difícil. Pero, claro, si yo no llamo…, ¡cómo me van a llamar! La soledad es necesaria.

Fuente: La vanguardia, por Nuria Estur

 

¿Os apetece leer alguno de sus libros ? Javier Tomeo en Alzofora

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