Crónica de una muerte anunciada

Editorial: El Mundo

Hace un par de años, en su casa  de Bogotá, al frente del Parque de la 88, le pregunté a García Márquez si nunca había sentido la tentación de escribir una novela negra. “Ya la escribí”, me dijo, “es Crónica de una muerte anunciada“. Afuera, sobre el césped verde, amos y perros daban el paseo del mediodía bajo un sol radiante, raro en Bogotá para el mes de febrero. “Lo que sucede es que yo no quise que el lector empezara por el final para ver si se cometía el crimen o no”, continuó diciendo, “así que decidí ponerlo en la frase inicial del libro”. Estaba muy emocionado escuchándolo. “De este modo”, agregó, “la gente descansa de la intriga y puede dedicarse a leer con calma qué fue lo que pasó”. Crónica de una muerte anunciada es, sobre todo, una exacta y eficaz pieza de relojería.

Santaigo Gamboa.

Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1928) es la figura más representativa de lo que se ha venido a llamar el “realismo mágico” hispanoamericano. Periodista, cuentista y novelista, alcanzó la fama tras la publicación en 1967 de Cien años de soledad (novela ya publicada por El Mundo en la colección Millenium I), donde recrea la geografía imaginaria de Macondo, un lugar aislado del mundo en el que realidad y mito se confunden. Otras obras memorables son: El Coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca, Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera y varias colecciones de cuentos magistrales. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Crónica de una muerte anunciada, novela corta publicada en 1981, es una de las obras más conocidas y apreciadas de García Márquez. Relata en forma de reconstrucción casi periodística el asesinato de Santaigo Nasar a manos de los gemelos Vicario. Desde el comienzo de la narración se anuncia que Santiago Nasar va a morir: es el joven hijo de un árabe emigrado y parece ser el causante de la deshonra de Ángela, hermana de los gemelos, que ha contraído matrimonio el día  anterior y ha sido rechazada por su marido. “Nunca hubo una muerte tan anunciada”, declara quien rememora los hechos veintisiete años después: los vengadores, en efecto, no se cansan de proclamar sus propósitos por todo el pueblo, como si quisieran evitar el mandato del destino, pero un cúmulo de casualidades hace que quienes pueden evitar el crimen no logren intervenir o se decidan demasiado tarde. El propio Santiago Nasar se levanta esa mañana despreocupado, ajeno por completo a la muerte que le aguarda.

La fatalidad domina todo el relato: el crimen es tan público que se hace inevitable. García Márquez se esfuerza en demostrar que la vida, en ocasiones, se sirve de tantas casualidades que hacen imposible convertirla en literatura. Su prosa escueta, precisa y pegada al terreno logra envolver de credibilidad lo exageradamente increíble, inventando una tensión narrativa donde ya no hay argumento, volviendo del revés el tiempo para que revele sus verdades, dejando una duda en el aire que acabará por destruir a los protagonistas de este drama, que fue adaptado a la gran pantalla en 1987, dirigido por Francesco Rosi e interpretado por Rupert Everett, Ornella Muti y Gian Maria Volonté.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *